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DE LA VIDA Y EL AMORLA NIÑA RICA QUE NO QUISO SER PRINCESA
Reencontró su destino sin querer, en aquella esquina irrelevante donde nada la hubiera hecho sospechar que sucedería todo lo que vino después.
¿Qué hago aquí, en un poblado perdido de esta costa india?. Era la insistente pregunta que la asaltaba cada vez que dejaba vagar sus pensamientos, circunstancia harto frecuente, pues escasas eran sus tareas y largas, muy largas, las tediosas tardes de tórrido sol sin más que hacer que mirar la cadencia de un mar que en cada ola la irritaba, mientras gotas de un sudor denso y copioso resbalaban por todos los poros de su cuerpo y la sumían en un sopor alimentado por litros de aquel brebaje que ingería cada vez con mayor frecuencia.
¿Qué hago aquí?. Y otra tarde adormecía su voluntad.
Si no hubiera sido por aquel hombre llegado de no se sabe dónde, nunca hubiera intuido lo que la esperaba, pero el destino es así, lleno de extrañas casualidades, de inciertos futuros, de inquietantes esperas.
Le sintió llegar una tarde, otra de aquellas anodinas tardes, antes de que sus ojos lo percibieran. Un extraño estremecimiento recorrió su cuerpo, se irguió en su hamaca, y allí estaba él con su ridículo sombrero, su desvencijada mochila, y un canuto de maría colgando descuidado de la comisura de los labios mientras descargaba su equipaje de una de las lanchas que transportaba los viajeros por el río.
Se tumbó de nuevo en la cama de aquel absurdo apartamento mallorquín y suspiró recordando la conversación que habían tenido tiempo atrás y que la decidió a irse a Alaska en su compañía tras dejar la India. Con él y por él, aprendió a querer y el valor de lo invisible. Ya no queda nada salvo sus recuerdos, todo quedó enterrado en el alud, pero a veces, sólo a veces y menos de lo que quisiera, la arrastra a un precipicio un sueño húmedo e hilarante que la devuelve a él, a su cuerpo tantas veces recorrido, a sus silencios espesos como una taza de buen chocolate, a su amor.
Yo ya no soy yo. Ese es el extraño poder del roce o la tromba de contacto con cada una de las personas que van componiendo la vida. Yo ya no soy yo y soy yo, un yo distinto que va arrastrando de ese otro yo con el que al parecer nacemos, reflexionaba tumbada en el sofá fingiendo mirar la televisión.
Cuando salió al carrer Derechos humanos todo era como siempre. Dobló la esquina y se desmayó.
Entre las imágenes de su inconsciencia vio un túnel y tras de él una luz maravillosa iluminó el rostro de su amado. Su alma se llenó de una paz absoluta. Entonces todo tuvo sentido para ella.
Cuando regresó tiempo después a la India, le veía reflejado en los ojos dolientes pero llenos de amor y esperanza de cada uno de los leprosos que acudían a la enfermería. Comments (1)
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